Las piedras del pescador

LAS PIEDRAS DEL PESCADOR
Todos los días el pescador salía a la playa, antes del amanecer para estar a solas con el mar y la noche. 
Una madrugada completamente oscura, caminando por la playa su pie tropezó con una bolsa de cuero, llena de piedrecillas que no pudo ver por las sobras que lo cubrían todo.
Cansado y aburrido, sin pensar, sacó de la bolsa una piedra y la aventó a las aguas del mar para ver si oía el ruido al hundirse. Pero no pudo escuchar nada.
Aventó piedras de diversos tamaños, algunas tan grandes como limones y otras como frijoles. Pero fue inútil. No escuchó nada.
En eso, llegó el primer rayo de luz, justo cuando quedaba en la palma de su mano la última piedra de la bolsa de cuero. Sintió curiosidad por observar cómo eran las piedras que había aventado al agua. Casi se desmaya de la impresión: en su mano tenía un diamante del tamaño de un garbanzo.
El pescador se maldijo, se dolió consigo mismo, gritando que había perdido una fortuna, que jamás se perdonaría.
Todos hacemos lo mismo. Nos atormentamos por lo que no tenemos en lugar de ver y disfrutar el diamante que brilla entre nuestros dedos. Es más fuerte nuestro dolor por lo que hemos perdido que el goce por lo que sí tenemos.
Ve todo lo que sí tienes: vida, salud, familia, amigos, bienes, trabajo, recursos, etc. Así tu mente podrá equilibrar y tal vez superar la angustia y el dolor por lo que te falta.